Escribir no solo nos mantiene vivos. Escribir nos enseña diminutas partes de nuestro ser, que se conectan, convirtiéndonos en personas reales. Personas que no se conforman, que tienen ganas de crecer. Escribir aumenta nuestra sed por el conocimiento. Nos da más ganas de conocernos a nosotros, y a su vez de conocer a la raza humana. Como decía Gabriel García Márquez, “El escritor escribe su libro para explicase a sí mismo lo que no se puede explicar”. Tengo el placer de decir hoy que no escribo para nadie más que para mí. Tan egoísta como suene, el ser humano sigue siendo un ser egoísta. Por esto escribo para mi placer personal, y como soy así de egocéntrica y se que lo hago bien, lo comparto para quien quiera se identifique con mi intelecto o estupidez.
La literatura me justifica.
