Prefacio

Era mejor que dormir sola, pero no podría decir que era soñar despierta. Siempre había sido una sońadora y el no era el hombre de mis sueños, ni un príncipe azul, ni el caballero mas caballeroso. Antonio lo mas que tenía de príncipe era el nombre, pero me hizo feliz. Solo con mirarlo sonreía, y cuando medio me rozaba sentía eso que no había sentido con nadie. Esa necesidad de que fuese mío. Pero las cosas no podían ser así, porque los humanos no son dueños de otros humanos. Hace años ya que la esclavitud se abolió. Pero, aun así, en algún momento hace muchos siglos pude haber sido su dueña. Yo estaba convencida de que lo conocía de antes, de otros tiempos, donde dormir no importaba. Donde no había príncipes, ni hadas. Donde el y yo si podíamos estar juntos.

Me levante pensando en él. Sentí una rabia inmensa en el fondo de mi ser, porque había decidido amarlo, él me convenció, y ahora como hacia para cambiar mi decisión. Con que cara le decía yo a mi corazón que no, que no se podía, que el no era mío.

Él no era el amor de mi vida, no era esa fantasía estúpida de la adolescencia. Él no era mentiras, ni promesas rotas. Él no era rosado. Esto, todo esto, es para ti Isabella. Tú eres la protagonista de este cuento, este cuento que no es de hadas. No te lo escribo para ahorrarte lagrimas, ni mucho menos porque no quiero que vivas. Al contrario, quiero que al igual que yo, vivas con todo tu ser, con pasión. Quiero que llegues a sentir mucha rabia, inconformidad.  Porque solo así, cuando llegues a mi edad podrás encontrarte a ti misma, y si lo hiciste bien, ese será el mejor día de tu vida.

Te amo desde antes de conocerte. Nunca lo olvides.

-M.

Leave a comment